Diagnóstico de las fracturas nasales

A)     HISTORIA CLÍNICA:

Cualquier traumatismo severo sobre la pirámide nasal debe hacer sospechar una fractura. Es fundamental recoger en la historia clínica datos referentes a la intensidad del traumatismo, dirección del mismo y naturaleza del objeto traumatizante.

La combinación de trauma nasal y epistaxis supone una probabilidad alta de fractura.

Percepción subjetiva de modificaciones en el aspecto y el comienzo de síntomas de insuficiencia respiratoria nasal, uni o bilateral.

 B)      EXPLORACIÓN FÍSICA: (la parte más importante)   NO MÁS ALLÁ DE 48 – 72 HORAS TRAS EL TRAUMA.

Una parte importante en la exploración física es la INSPECCIÓN NASAL tanto externa como interna (RINOSCOPIA).

Hematomas septales, ya que si éstos existen y no se realiza un drenaje precoz adecuado, puede desarrollarse una infección con necrosis del cartílago por despegamiento del pericondrio, y de forma secuandaria, una deformidad severa permanente.

       Los signos que deben hacer sospechar la existencia de fractura son: desgarros mucosos, equimosis o hematomas. A nivel externo sugieren  también  la presencia de fractura el edema palpebral, equimosis periorbitaria y hemorragia subconjuntival. En ocasiones puede apreciarse enfisema subcutáneo, la mayoría de las veces provocado por una maniobra de Valsalva por parte del paciente.

        La siguiente parte fundamental en la exploración es la PALPACIÓN EXTERNA, con el objeto de identificar hundimientos, movilidad del esqueleto óseo,  inestabilidad, crepitaciones y escalones óseos, todo ello altamente sugestivo de fractura.

C)      ESTUDIOS RADIOLÓGICOS:

      La radiología simple no objetivará ninguna alteración hasta en el 47% de pacientes con fractura (Bailey BJ y cols.).

      Los resultados de varios estudios clínicos no han demostrado beneficio de los estudios radiológicos para el diagnóstico y tratamiento de las fracturas nasales.

       Por todo ello, la mayoría de los especialistas no justifican el empleo de técnicas radiológicas en base a la elevado relación tiempo – coste / beneficio clínico (Sharp JF y cols.).

D)      EXPLORACIÓN GENERAL DEL MACIZO FACIAL:

Descartar lesiones habitualmente asociadas a las fracturas nasales, tales como fracturas dentarias, traumatismos oculares, lesiones del aparato lacrimal, fístulas de líquido cefalorraquídeo.

La presencia de fístula de líquido cefalorraquídeo debe hacer sospechar fractura de la base del cráneo. La sospecha clínica puede ser evidente hasta varios días después del traumatismo. Esta sospecha se fundamenta en la presencia de anosmia y rinorrea unilateral clara posicional. El diagnóstico de fístula de líquido cefalorraquídeo (LCR) se basa en estudios de laboratorio, de los que el más empleado es la detección de B2 – transferrina en el líquido que sale de la fosa nasal. Estos estudios se complementan con pruebas de imagen (TC – marcadores) para intentar localizar el lugar donde se ha producido la fractura en la base del cráneo.

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